Ejercicios gramaticales
Texto de Marco Mendoza, artista visual
“Las palabras tienen significado sólo en el curso
de los pensamientos y de la vida”
Ludwig Wittgenstein.
Comunicar, suspender, colaborar, conectar, agrupar, marcar y juntar, son parte de un léxico que utiliza Nahiely Rasgado. Su trabajo se ha centrado, o anclado diría yo, en la relación entre lo que decimos, lo que comunicamos, lo que expresamos y lo que hacemos. Su gramática, la de su obra, se genera en el umbral del juego y asombro por los materiales, se entrelaza con su actividad cotidiana y su involucramiento colectivo; de ahí que Nahiely no puede concebir el mundo de lo cotidiano desconectado de la gramática del arte, de aquella que permite la conciencia y la creación.
Las palabras para ella son más que simples etiquetas en las cosas, o referentes que nos auxilian en la construcción del mundo, para ella la gramática es la posibilidad de entender y apropiarse del otro, de colocarse en sus zapatos, y a la vez asumirse ella misma como distinto; el otro no sólo incluye a las personas, sino también a cualquier ente, incluye a toda la naturaleza.
La cerámica, por su peculiar proceso que involucra el cuerpo, es la sintaxis perfecta para desarrollar sus intenciones gramaticales, le sirve para desplazarse del terreno de la rutina hacia la colectividad lúdica e incluyente, esa que admite el dialogo y genera el sentido de pertenencia, sea un grupo, comunidad o simplemente el entorno al que accede cualquier individuo en un espacio físico, como por ejemplo su hogar, su trabajo o el parque que recorre.
Nahiely piensa en el otro o los otros, en una forma muy sutil, quizás inconsciente, los traslada a piezas espontaneas, a veces como simple ensayo, a veces con mayor resolución técnica, pero siempre queda subyaciendo en la obra el ejercicio de hilvanar lo que son los demás, aquellos o aquello con lo que interactúa a diario. Su gramática no es la superficial, sino una gramática poética, un ensayo de gramática profunda que nos remite a nuestra relación con lo que decimos, sentimos y trasladamos a la acción vital, esa que no es verbal sino la real de cada día, esa que se escapa y se desgasta con facilidad, igual a la de la colectividad incluyente.